El día en que deje de creer…

 

A lo largo de la vida nos topamos con circunstancias las cuales nos enseñan que somos parte de un plan original,  que algo en el universo debió influir para que tengamos vida hoy; que las estrellas solo son el punto de encuentro de nuestros sueños y anhelos, que la fracción de segundo que  estamos viviendo justo ahora influirá en nuestro futuro.

Hace mucho tiempo solía pensar que la vida no tenía sentido, que la arrogancia y la hipocresía rodeaba todo nuestro ser, que debía sujetarme al pensar de los demás sin excusa; que mis ideas de amor y felicidad solo eran un fantasma creado por la poca gota de esperanza que habitaba en mi…

Aun no recuerdo cuando empecé alejarme de mis padres con la excusa que mis amigos eran más importantes y que ya había crecido, cuando las pequeñas cosas de la vida dejaron de ser lo verdaderamente importante, cuando la luz del sol dejo de iluminar mi alma, cuando el panorama empezó a ser desolador y cuando procuraba acabar con mi vida de manera inconsciente. Pero todo no es malo porque casi siempre que recordamos nuestra niñez encontramos ese cálido abrazo de mamá o papá; esos susurros dulces a mi oído de mis amados abuelos y las caricias tierras e inocentes de mis amigos… Esas cosas de la vida te dan la gasolina para seguir adelante.

Pero el día que deje de creer, creer en el verdadero significado de la vida… creer en la mirada inocente de mi madre, cuando mis problemas empezaron a ser más grandes que mi esperanza,  cuando olvide la idea de un mundo mejor, cuando mi vida se tiño de un tono gris, cuando mis principios fueron derribados por las ideas de este mundo…

Cuando deje de creer en mí mismo… cuando antepuse el “yo” antes que el “te amo” cuando deje de creer que existen hombre buenos que hacen la voluntad de Dios, cuando deje de creer en el amor como principal arma contra la guerra de los humanos; cuando la bandera de la esperanza y el amor dejaron de ondear en mi corazón, cuando deje de creer en mí mismo ese día acabe con mi ser…

 

 

Por eso bailas antes que no puedas moverte…

Corre antes que no halla tierra donde hacerlo…

Sal cuando llueve antes que venga el verano…

Enamórate antes que envejezcas…

Sonríe durante aun tengas tus dientes y cuando ya no los tengas hazlo con orgullo…

Mira en atardecer antes que venga la noche…

Di un te quiero antes que sea demasiado tarde…

Abraza durante aun tengas fuerzas…

Piensa antes de actuar…

Perdona antes de acusar…

Enójate sin lastimar…

Viaja antes que ya no halla destino…

 

Y vive antes de morir…

“los arrebatas como un torrente de agua; son como un sueño, como la hierba que crece en la mañana, florece y crece; pero a la tarde e cortada y se seca” Salmos 90: 5-6

JaVy

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